En el pequeño y apacible pueblo de Valverde, la vida transcurría sin sobresaltos. Luego, una extraña serie de eventos comenzó a perturbar la tranquilidad. Los niños empezaron a experimentar una pesadilla recurrente, un sueño aterrador que los dejaba temblando y llorando en sus camas. A medida que los relatos se extendían, se hizo evidente que había un patrón. Todos hablaban de una sombra sin forma definida. La sombra se deslizaba bajo sus camas y susurraba secretos oscuros mientras dormían.
Leonor, una madre de dos hijos y enfermera del pueblo, escuchó hablar de estos sueños aterradores mientras trabajaba en el hospital local. Su hija, Sofía, de seis años, había sido una de las primeras en ser afectada por la pesadilla.
—¡Mamá, la sombra se va a llevar a mi amiga Paola! —exclamó Sofía una noche, con lágrimas en los ojos.
Leonor trató de calmar a su hija, pero no pudo ignorar la preocupación en su voz. Decidió hablar con otros padres para averiguar si había algún patrón.
En la cafetería del pueblo, Leonor se encontró con Ana, la madre de Paola, y compartió sus inquietudes.
—Ana, ¿también has oído a Paola hablar de la sombra bajo la cama? —preguntó Leonor, tratando de disimular su preocupación.
Ana, con el rostro pálido, asintió. —Sí, Paola ha estado aterrorizada desde hace semanas. Ella dice que la sombra susurra cosas malas y que intenta arrastrarla debajo de la cama. No sé qué hacer.
Leonor frunció el ceño, sintiendo un escalofrío. —También he hablado con otros padres, y parece que todos están experimentando lo mismo. No es solo una pesadilla, es algo que está afectando a todos los niños.
Ambas madres se miraron con creciente preocupación. Decidieron investigar más a fondo y acordaron reunirse con otros padres afectados para discutir el problema.
Esa misma noche, se llevó a cabo una reunión en la casa de Leonor. Los padres de los niños afectados se reunieron en la sala de estar, con una atmósfera de inquietud palpable. Entre ellos estaban Pedro, el padre de Diego; Carla, la madre de Valeria; y Tomás, el padre de Manuel.
—Gracias por venir, —dijo Leonor mientras ofrecía café a los presentes—. Necesitamos hablar sobre lo que está pasando con nuestros hijos. Todos ellos han estado sufriendo la misma pesadilla.
Pedro, un hombre robusto con una expresión grave, asintió. —Diego ha estado actuando de manera extraña también. No solo está aterrorizado por la sombra, sino que ha comenzado a hablar solo y a tener comportamientos extraños.
—¿Y qué han dicho los niños sobre la sombra? —preguntó Carla, ajustándose el collar nerviosamente.
—Paola dice que la sombra le susurra secretos que ella no entiende. —Ana intervino—. Y lo más aterrador es que ha comenzado a hablar de cosas que no debería saber, cosas que ni siquiera le he contado.
Tomás se inclinó hacia adelante, mirando a los demás con seriedad. —Manuel también ha desaparecido en ocasiones. Solo por unos minutos, pero es suficiente para que todos estemos aterrorizados.
Leonor, con el corazón acelerado, decidió compartir algo que había descubierto. —Sofía me dijo que la sombra no solo le susurra secretos, sino que le muestra cosas aterradoras. Dijo que la sombra tiene una voz que se siente como si viniera de un lugar muy oscuro.
La conversación se volvió más intensa y llena de pánico. Los padres estaban preocupados por la seguridad de sus hijos y la creciente sensación de que algo más siniestro estaba ocurriendo. Decidieron que necesitaban buscar ayuda para entender y resolver la situación.
El siguiente día, Leonor se acercó a la biblioteca del pueblo en busca de información. Allí, se encontró con don Ernesto, un anciano del pueblo conocido por sus conocimientos sobre leyendas y folklore local.
—Don Ernesto, necesito su ayuda. —dijo Leonor con una expresión urgente—. Los niños del pueblo están teniendo pesadillas con una sombra que se desliza bajo sus camas y susurra secretos. ¿Sabe algo sobre esto?
Don Ernesto, con su rostro arrugado y ojos cansados, se ajustó las gafas y pensó por un momento. —Sí, he oído historias similares en el pasado. Se dice que en tiempos antiguos, existía una entidad que se alimentaba de los miedos de los niños. Era conocida como «Teufel». Se decía que se escondía bajo las camas y atraía a los niños hacia un mundo de terror donde quedaban atrapados.
—¿Y qué se puede hacer para detenerla? —preguntó Leonor con desesperación.
Don Ernesto miró a Leonor con seriedad. —Es complicado. Se dice que esta sombra busca alimentarse del miedo y la desesperación de los niños. Para derrotarla, se debe enfrentar y mostrarle que el miedo no tiene poder sobre uno. Además, la entidad necesita ser confrontada en el lugar donde se siente más fuerte: bajo la cama.
Leonor regresó a su casa, decidida a enfrentar la situación. Se reunió con los otros padres y les informó sobre lo que había descubierto. Juntos, decidieron organizar una vigilancia nocturna en las casas de los niños afectados para intentar capturar a la sombra en el acto.
Esa noche, Leonor y los demás padres se turnaron para vigilar las habitaciones de los niños. Sofía estaba en su cama, temblando, pero con la determinación de enfrentar sus miedos. Pedro y Tomás estaban en la sala de estar, preparados con linternas y cámaras, listos para documentar cualquier cosa inusual.
A las 3:33 AM, mientras todos vigilaban en silencio, un susurro comenzó a llenar el aire. La melodía de la sombra, esa misma que había atormentado a los niños en sus pesadillas, comenzó a escucharse en la habitación de Sofía. Leonor, con el corazón en la garganta, observó cómo una sombra comenzó a formarse debajo de la cama de su hija.
—¡Allí está! —susurró Pedro, señalando la sombra en la oscuridad.
Leonor se acercó con cautela y se arrodilló frente a la cama. —Sofía, escúchame. Sé que estás asustada, pero debes recordar que no hay nada que temer. La sombra se alimenta de tu miedo.
Sofía, con lágrimas en los ojos, asintió. —Pero mamá, me dice cosas horribles. Dice que nunca volveré a ver a mis amigos y que me llevará a un lugar oscuro.
Leonor tomó la mano de su hija y la miró con firmeza. —No le hagas caso. Tienes que mostrarle que no te tiene miedo. Tú eres más fuerte que ella.
La sombra parecía moverse más rápido, y el susurro se intensificó. Leonor se arrodilló y metió la linterna debajo de la cama, iluminando el espacio. La sombra, al verse expuesta a la luz, comenzó a retorcerse y a desaparecer lentamente.
—¡Enciende la luz, Pedro! —gritó Leonor, su voz llena de determinación.
Pedro encendió una lámpara de mano, y la luz brillante llenó la habitación. La sombra se desvaneció por completo, dejando tras de sí un vacío en el aire.
—¿Lo hicimos? —preguntó Tomás, aliviado.
Leonor se levantó, respirando con dificultad. —Sí, creo que sí..
No había terminado la oración cuando escucharon gritos de la calle – ¡Paola, Paola no está!— gritaban por la calle con desesperación. Al parecer, en un pequeño descuido, la mamá de Paola se dejo llevar por el miedo y la sombra había arrastrado a Paola debajo de la cama.
Durante las semanas siguientes, los pesadillas de los niños comenzaron a ser más intensas. La presencia de la sombra se hacía más y más fuerte, y los niños empezaron a caer uno a uno en las sombras. Los padres, quedaban sumidos en la tristeza y miedo, alimentando aún más a la sombra.
Teufel se había llevado a los niños, uno a uno las sombras los habían consumido y dejado a sus familias rotas por las pérdidas de sus hijos. Esto solo hizo que el poder de la sombra creciera y cayera sobre todo el pueblo. La noticia no se hizo esperar, el miedo y el caos comenzaron a esparcirse por más pueblos y ciudades, a la espera de ser consumidas por la oscuridad.


