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INFANTIL

En el corazón del barrio de San Miguel, donde las calles se entrelazan como hilos de un bordado antiguo y los aromas de comida casera flotan en el aire, vivía Andrés, un niño de diez años con una sonrisa contagiosa y una energía inagotable. Su hogar era modesto, pero lleno de amor y risas compartidas con su madre, doña Carmen, y su hermana menor, Lupita.

Cada mañana, antes de que el sol asomara por el horizonte, Andrés se despertaba al sonido del gallo del vecino. Se vestía rápidamente y se dirigía a la tortillería de su tía Rosa, ubicada a pocas cuadras de su casa. Allí, entre el calor de los comales y el aroma del maíz recién molido, Andrés ayudaba a amasar la masa, formar las tortillas y atender a los clientes que llegaban en busca del alimento diario.

—Buenos días, Andrés —saludaba doña Rosa con una sonrisa—. ¿Listo para otro día de trabajo?

—¡Claro que sí, tía! —respondía Andrés con entusiasmo—. Hoy vamos a hacer las mejores tortillas del barrio.

Después de unas horas de trabajo, Andrés corría a la escuela. A veces llegaba tarde y con las manos aún cubiertas de masa. A pesar del cansancio, se esforzaba por prestar atención en clase y completar sus tareas. Su maestra, la señorita Yoli, notaba su dedicación y compromiso, aunque también percibía su agotamiento.

Un día, la señorita Yoli anunció con entusiasmo:

—Niños, este mes tendremos una feria de ciencias. Cada uno de ustedes deberá presentar un proyecto sobre un tema que les apasione. Será una oportunidad para aprender y compartir con toda la comunidad.

Andrés sintió una mezcla de emoción y preocupación. Le encantaba la ciencia, especialmente los experimentos con plantas y el estudio de los insectos. Sin embargo, sabía que su tiempo era limitado debido a sus responsabilidades en la tortillería.

Al final de la clase, la señorita Yoli se acercó a Andrés.

—Andrés, sé que tienes mucho potencial y me encantaría que participaras en la feria. ¿Has pensado en algún proyecto?

—Me gustaría hacer un experimento sobre cómo las plantas crecen en diferentes tipos de suelo —respondió Andrés—. Pero no sé si tendré tiempo para prepararlo.

—Entiendo tus preocupaciones —dijo la maestra con empatía—. Pero recuerda que la educación es fundamental para tu futuro. ¿Has hablado con tu tía sobre esto?

Esa noche, durante la cena, Andrés compartió sus inquietudes con su madre y su tía.

—Tía Rosa, mamá, la maestra Yoli quiere que participe en la feria de ciencias, pero no sé si podré hacerlo con el trabajo en la tortillería.

Doña Carmen miró a su hermana y luego a su hijo.

—Andrés, tu educación es muy importante. Estoy orgullosa de tu dedicación al trabajo, pero también quiero que tengas la oportunidad de aprender y crecer.

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Doña Rosa asintió.

—Andrés, eres un gran ayudante, pero creo que es momento de que te enfoques en tus estudios. Podemos arreglárnoslas sin ti por un tiempo.

Con el apoyo de su familia, Andrés comenzó a trabajar en su proyecto. Reunió diferentes tipos de suelo: arcilloso, arenoso y fértil. Plantó semillas de frijol en cada uno y observó su crecimiento, registrando cuidadosamente sus hallazgos.

Durante las semanas siguientes, Andrés equilibró sus estudios y su proyecto con esmero. Aunque extrañaba la tortillería, se sentía emocionado por el conocimiento que estaba adquiriendo.

El día de la feria llegó y la escuela se llenó de color y entusiasmo. Andrés mostró su proyecto con confianza, explicando cómo el tipo de suelo afecta el crecimiento de las plantas. Su exposición fue clara y apasionada, captando la atención de todos los presentes.

Al final del evento, la señorita Yoli se acercó a Andrés con una sonrisa.

—Estoy muy orgullosa de ti, Andrés. Has demostrado que con esfuerzo y dedicación, puedes lograr grandes cosas.

Andrés sonrió, sintiendo una mezcla de orgullo y gratitud.

—Gracias, maestra. Aprendí mucho y estoy feliz de haber participado.

Desde ese día, Andrés continuó enfocándose en sus estudios, con el apoyo constante de su familia y su comunidad. Aunque ocasionalmente ayudaba en la tortillería, su prioridad era su educación y su sueño de convertirse en científico.

Enseñanza: la educación es un derecho fundamental que abre puertas al conocimiento y al crecimiento personal. Aunque el trabajo puede ser una realidad para muchos niños, es esencial encontrar un equilibrio. Este equilibrio debe permitir a cada niño desarrollar su potencial. También deberían perseguir sus sueños. La comunidad y la familia juegan un papel crucial en apoyar y fomentar la educación de los más jóvenes.

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