
En la escuela primaria «Benito Juárez» de Oaxaca. Los alumnos de quinto grado se preparaban para la feria cultural del mes de octubre. La maestra Carmen había asignado a cada grupo un tema diferente sobre la diversidad cultural de México y su historia. Uno de los grupos estaba compuesto por Joaquín, Mariana, Tadeo y Ximena. Ellos tenían la tarea de presentar algo sobre el Día de la Raza. Esta celebración se da el 12 de octubre. Pero ninguno de ellos estaba emocionado.
—¿Por qué tenemos que hablar del Día de la Raza? —se quejó Joaquín, dejando caer su mochila en el suelo del salón. Su expresión de disgusto era evidente mientras se sentaba en su silla.
—Sí, está aburrido —añadió Mariana, ajustándose su coleta. Ella solía ser muy participativa, pero esta vez no veía el atractivo del tema.
—Es solo otro día festivo, ¿no? —dijo Tadeo, mientras jugaba con un lápiz, girándolo entre sus dedos con aburrimiento.
Ximena, la más curiosa del grupo, se quedó pensativa. Ella había oído algunas cosas en casa sobre el Día de la Raza. Sin embargo, no estaba segura de qué significaba realmente.
—Podríamos investigar un poco más —sugirió Ximena, rompiendo el silencio incómodo. —No tiene que ser aburrido si encontramos algo interesante que contar.
La maestra Carmen los observaba desde su escritorio y decidió intervenir.
—Chicos, sé que el tema puede parecer aburrido, pero el Día de la Raza es más que solo una fecha. Es una oportunidad para entender cómo nuestras culturas se entrelazan. También es una oportunidad para entender cómo hemos llegado a ser lo que somos hoy en día.
Joaquín bufó, pero algo en la forma en que lo dijo la maestra hizo que Ximena se animara.
—¿Por qué no investigamos cómo se celebra en diferentes partes de México? —propuso Ximena. —Podemos ir al Zócalo y preguntar a la gente qué piensan del Día de la Raza. Tal vez descubramos algo interesante.
El grupo se animó un poco con la idea de salir de la rutina del salón. La maestra Carmen les dio permiso para salir después de clases y hacer su investigación. Ese mismo día, se encontraron en la plaza principal. La gente se reunía ahí para hacer compras o simplemente disfrutar del aire fresco de la tarde.
—Vamos a preguntar a esas personas mayores. Mariana señaló a un grupo de ancianos sentados en una banca, disfrutando del sol.
—Hola, buenas tardes —saludó Ximena con una sonrisa—. Somos estudiantes de la primaria Benito Juárez y estamos haciendo un proyecto sobre el Día de la Raza. ¿Podrían contarnos qué significa para ustedes?
Una señora, con el cabello canoso y la piel curtida por el sol, sonrió amablemente.
—Claro, niña. Para mí, el Día de la Raza es una mezcla de sentimientos. Recuerdo que de niña, nos enseñaban que celebrábamos el encuentro de dos mundos. Pero con los años entendí que también fue un tiempo de mucha tristeza y dolor para nuestros pueblos indígenas.
—Es como una mezcla de culturas. También de muchas historias tristes —añadió un hombre a su lado, quien sostenía un bastón de madera—. Es un recordatorio de lo que perdimos, pero también de lo que somos ahora.
Los niños agradecieron y siguieron caminando. Ximena tomó notas, fascinada por lo que escuchaba. Tadeo, que había estado distraído, de repente se interesó.
—No sabía que había tanto detrás de esta fecha —dijo Tadeo, sorprendido. —Pensé que solo se trataba de Colón.
—Creo que deberíamos investigar más sobre las culturas indígenas —sugirió Mariana—. Es parte de lo que somos también, ¿no?
Al día siguiente, visitaron el Museo de las Culturas de Oaxaca. Allí, entre las exhibiciones de arte prehispánico y las explicaciones sobre la conquista, comenzaron a comprender la magnitud del impacto. El encuentro entre Europa y América tuvo un gran efecto en las comunidades originarias. Un guía les explicó sobre las antiguas civilizaciones. Explicó cómo vivían antes de la llegada de los europeos. También explicó cómo sus costumbres y creencias se transformaron con el tiempo.
—Es impresionante pensar que todo esto fue parte de una historia mucho más grande. Joaquín comentó esto mientras observaba una réplica de un códice antiguo. —Es como si el Día de la Raza fuera solo una pequeña pieza de un rompecabezas gigante.
Al regresar a la escuela, el grupo tenía una idea clara de lo que querían presentar. En lugar de enfocarse solo en la fecha, decidieron mostrar cómo las distintas culturas se entrelazaron. Tanto las culturas indígenas como las españolas contribuyeron a formar la diversidad cultural de México. Prepararon una presentación con mapas, fotos y relatos de personas que habían conocido. Hasta incluyeron una pequeña dramatización mostrando ambos lados de la historia.
El día de la feria cultural, el salón de quinto grado estaba lleno de padres, maestros y alumnos. Joaquín, Mariana, Tadeo y Ximena se pararon frente al grupo, nerviosos pero emocionados.
—Hoy queremos contarles que el Día de la Raza no es solo una celebración de un encuentro. Es también un recordatorio de la importancia de nuestras raíces. Es un recordatorio de la mezcla de culturas. Esta mezcla nos hace ser quienes somos hoy en día —empezó Ximena con confianza.
Mariana continuó. Mostró imágenes de las culturas indígenas. Explicó cómo sus tradiciones aún viven en muchas de las costumbres mexicanas actuales. Joaquín habló sobre los cambios que trajeron los españoles. Explicó cómo, a pesar de las dificultades, se creó una nueva identidad a partir de ambas culturas.
Finalmente, Tadeo cerró la presentación con una reflexión:
—Este día no solo se trata de celebrar, sino de recordar que todos somos parte de algo más grande. Deberíamos aprender a valorar todas las partes de nuestra historia. Incluso las difíciles. También debemos respetar las culturas que nos han dado tanto.
Cuando terminaron, hubo un momento de silencio, seguido por un fuerte aplauso. La maestra Carmen sonrió orgullosa desde el fondo del salón, sabiendo que los niños habían aprendido una lección valiosa.
Al salir de la escuela ese día, Ximena se detuvo y miró a sus amigos.
—Creo que hoy aprendimos algo más que historia —dijo, con una sonrisa.
—Sí, aprendimos a ver el mundo con ojos diferentes y a valorar lo que tenemos —agregó Joaquín.
—Y que todos, sin importar de dónde vengamos, tenemos algo que aportar —concluyó Mariana. El Día de la Raza no es solo una fecha para recordar un evento histórico. Es una oportunidad para reconocer y valorar la diversidad que nos define como sociedad. Aprender a respetar y entender nuestras raíces nos permite construir un futuro más inclusivo y consciente de nuestra historia compartida.


