Anuncios

Infantil

En un pequeño pueblo en el estado de Oaxaca, lleno de calles adoquinadas y casas de colores vibrantes, vivía una niña llamada Sofía. Era una niña muy inteligente, pero también muy tímida. Sofía pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo libros en su habitación o en el parque, donde el sonido de las hojas de los árboles la hacía sentirse tranquila. Sus padres, muy amorosos, siempre la alentaban a ser valiente y a salir de su zona de confort, pero ella siempre encontraba excusas para quedarse en su mundo tranquilo y solitario.

Un día, al inicio del ciclo escolar, Sofía llegó a la escuela con la sensación de que este sería otro año igual al anterior: el mismo salón, los mismos compañeros y, tal vez, las mismas conversaciones aburridas. Pero ese día fue diferente. En su salón de clases, había un nuevo compañero: Rubén.

Rubén no era como los demás niños. Tenía una discapacidad auditiva, lo que significaba que no podía oír como los demás. Aunque no era un niño muy diferente a los demás en su corazón, las personas en la escuela no sabían cómo interactuar con él. Algunos lo miraban raro, otros no sabían qué hacer. Rubén, aunque no hablaba mucho, siempre tenía una sonrisa en su rostro, y sus ojos brillaban de alegría, como si estuviera invitando a todos a ser parte de su mundo.

Al principio, Sofía se sintió curiosa por Rubén, pero también algo incómoda. No sabía cómo acercarse a él. A veces, escuchaba a los demás niños susurrar entre ellos y reírse cuando Rubén intentaba hablarles, pero él siempre respondía con una sonrisa y se hacía entender con la ayuda de un cuaderno en el que escribía palabras o dibujaba lo que quería decir.

Una tarde, después de la clase de matemáticas, Sofía estaba sentada en su lugar mirando por la ventana. Era un día soleado, y el aire fresco entraba por la ventana abierta. De repente, escuchó una voz suave a su lado.

«Hola, Sofía.» dijo Rubén, escribiendo su saludo en su cuaderno y mostrándoselo.

Sofía miró el papel y sonrió tímidamente.

«Hola, Rubén. ¿Qué tal?» respondió, sintiéndose un poco nerviosa al no saber si iba a poder comunicarse de manera efectiva con él.

Rubén sacó un lápiz y escribió rápidamente en su cuaderno:

«¿Te gustaría ser mi amiga?»

Sofía se quedó sorprendida, pero al mismo tiempo sintió una calidez en su corazón. Era la primera vez que alguien con una discapacidad le pedía ser su amiga. La niña asintió con entusiasmo.

«¡Claro, me encantaría ser tu amiga!»

A partir de ese día, Sofía y Rubén comenzaron a hablar todos los días. Al principio, Sofía no entendía muy bien cómo comunicarse con Rubén, pero pronto aprendió que no era necesario hablar para ser buenos amigos. Rubén tenía una libreta pequeña en la que escribía lo que quería decir y la mostraba a Sofía. Aunque a veces se sentía un poco insegura, Sofía comenzó a disfrutar de las pequeñas conversaciones con Rubén, descubriendo que se entendían perfectamente, incluso sin palabras.

Un día, durante el receso, Rubén invitó a Sofía a sentarse bajo un árbol grande que se encontraba en el patio de la escuela. Allí, Rubén le mostró algo muy especial: su cuaderno, que estaba lleno de dibujos hermosos de paisajes, animales y personas, todos dibujados con tanto detalle y amor.

«¿Te gustan mis dibujos?» escribió Rubén en su cuaderno.

Sofía miró los dibujos y quedó maravillada.

«¡Son increíbles! ¡Eres muy talentoso, Rubén!» dijo con entusiasmo, alzando las cejas en señal de admiración.

Rubén sonrió, pero en su rostro también había algo de timidez. A pesar de su habilidad para expresarse a través del arte, Rubén sentía que las personas no siempre lo entendían o valoraban. Pero Sofía era diferente. Ella no solo veía su arte, sino también su esfuerzo y dedicación.

Con el tiempo, Sofía comenzó a aprender el lenguaje de señas para poder comunicarse mejor con Rubén. Ella no quería depender solo de la libreta, y Rubén estaba muy contento de ver que su amiga se esforzaba por aprender su idioma. La comunicación entre ellos comenzó a ser más fluida, y, poco a poco, Rubén le enseñó a Sofía algunos signos.

Anuncios

«Mira, Sofía. Este es el signo para ‘amistad’. Es muy importante.» dijo Rubén una tarde mientras le enseñaba un nuevo signo. Sofía lo repitió varias veces, y Rubén sonrió satisfecho.

Un día, la maestra de Sofía, la señora Martínez, les pidió a los niños que trabajaran en un proyecto grupal. El tema era la «Diversidad y respeto» y, al final del proyecto, tendrían que presentar lo que habían aprendido sobre cómo ser inclusivos y respetuosos con los demás, sin importar las diferencias. Sofía y Rubén decidieron hacer su presentación juntos.

«¿Qué te gustaría que pusiéramos en nuestra presentación?» preguntó Sofía, mientras escribía en su cuaderno.

Rubén escribió: «La inclusión no tiene barreras.»

Sofía pensó que esa era una frase perfecta. Ambos trabajaron durante toda la semana en el proyecto. Sofía se encargó de investigar sobre la inclusión, mientras que Rubén preparaba un video en el que mostraba cómo se usaban los signos del lenguaje de señas. El video también mostraba a Rubén y Sofía trabajando juntos y explicando cómo a veces las barreras no están en las personas, sino en la forma en que las vemos.

El día de la presentación llegó, y todos los compañeros estaban nerviosos, pero Sofía y Rubén sabían que tenían algo especial que compartir. Se levantaron frente a la clase y Rubén comenzó a hablar en lenguaje de señas, mientras Sofía traducía con sus propias palabras.

«La amistad no tiene barreras. No importa si hablamos diferentes idiomas, si tenemos diferentes habilidades o si venimos de lugares distintos. Todos somos humanos, y lo que realmente importa es lo que tenemos en nuestro corazón.» dijo Sofía, mirando a sus compañeros con una sonrisa.

Rubén levantó el brazo y, con una sonrisa radiante, hizo el signo de «amistad» para todos.

«Si cada uno de nosotros hace un pequeño esfuerzo, podemos crear un mundo más inclusivo y lleno de respeto para todos.» concluyó Sofía.

Los compañeros de clase aplaudieron con entusiasmo, y la señora Martínez se acercó a felicitar a los dos niños.

«¡Qué increíble presentación, Sofía y Rubén! Nos han enseñado a todos lo importante que es la inclusión y cómo podemos hacer un esfuerzo por entender y respetar a los demás.» dijo la maestra, visiblemente emocionada.

Después de la presentación, muchos de los compañeros de Sofía y Rubén comenzaron a acercarse a Rubén, haciendo preguntas sobre el lenguaje de señas y mostrándole su apoyo. Algunos, incluso, comenzaron a aprender algunos signos para poder comunicarse mejor con él.

«Sofía, gracias por ser mi amiga.» escribió Rubén en su cuaderno, mientras los otros niños se reunían a su alrededor.

«Gracias a ti, Rubén, por enseñarme que las barreras solo existen si las dejamos.» respondió Sofía, abrazando a su amigo.

Y así, Sofía y Rubén demostraron a su comunidad que la amistad, el respeto y la inclusión no tienen límites. Juntos, enseñaron a los demás que las diferencias no separan, sino que pueden unirnos de maneras que jamás imaginamos.

Lección: La amistad no tiene barreras, y las diferencias pueden ser un punto de unión. Todos somos valiosos, y la inclusión comienza con pequeños gestos de respeto y comprensión.

+CUENTOS CORTOS
+BLOGLENTEJA
Anuncios


Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde BlogLenteja

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo